Cristóbal Colón no tiene quien le escriba

Cortesía de Infolatam, Madrid, 16 noviembre 2014
Por Carlos Malamud, Real Instituto El Cano


Tras la fundación de Asunción del Paraguay en 1536 los conquistadores se vieron gratamente sorprendidos por el recibimiento otorgado por algunos caciques indígenas, que inclusive les ofrecieron a sus hijas en son de amistad. Rápidamente se supo en España que el contingente allí instalado, a las órdenes del gobernador Domingo Martínez de Irala, vivía de forma desordenada, en un ambiente de lujuria y desenfreno. Esto dio lugar, según el testimonio del cronista Ulrico Schmidel, a que las autoridades eclesiásticas españolas se refirieran a Paraguay como el “Paraíso de Mahoma”.

Si bien el presidente turco Recep Tayyip Erdogan afirmó de forma contundente que fueron los musulmanes y no Cristóbal Colón los que en 1178 descubrieron América, la referencia al “Paraíso de Mahoma” era puramente metafórica y no tenía nada que ver con la vigencia de un pasado musulmán en Indias. Por tanto, las fuentes, de haberlas, sobre las que Erdogan hizo su osada afirmación, deben ser otras.

En 1996 el historiador Youssef Mroueh publicó el artículo “Musulmanes precolombinos en las Américas” en las que llegaba a la misma conclusión: antes de Colón navegantes musulmanes habían puesto los pies en el Nuevo Mundo. Para apoyar su teoría citaba un pasaje supuestamente extraído del Diario del Almirante, donde a su llegada a Cuba aludía a una montaña con forma de mezquita. Sin embargo, al menos hasta la fecha, no existe ninguna evidencia empírica (documental, arqueológica o etnológica) que constate una presencia musulmana previa a 1492.

Erdogan pronunció su discurso durante la primera cumbre de Líderes musulmanes latinoamericanos convocada por su gobierno en Estambul. Con una clara intención propagandística presentó al Islam como una religión de paz, a salvo de los pecados tradicionales propios de los depredadores imperialismos occidentales:“Convertir a la gente a la fuerza, con la espada, nunca ha sido parte del Islam. Nuestra religión nunca ha sido una herramienta de explotación… Quienes colonizaron América por su oro y África por sus diamantes, ahora lo hacen en Oriente Medio por su petróleo con la misma sucia conspiración”.

Al margen de esta polémica encontramos otra bastante simpática relacionada con el origen de Colón, que en determinadas ocasiones repercute sobre la paternidad del descubrimiento. ¿Dónde nació el gran navegante si no lo hizo en Génova? ¿Cuáles son sus raíces? ¿Era judío, napolitano, gallego, mallorquín o catalán? Incluso hay quien dice que pudo ser portugués, griego, inglés, noruego, sardo o croata.

El Institut de Nova Història, de Cataluña, ha editado el libro Descubrimiento y conquista catalana de América. Una historia reescrita por los castellanos, de Jordi Bilbeny. Según el autor Colón era catalán y su verdadero nombre era Joan Colom i Bertran, nieto del fundador del primer banco público del mundo y antepasado directo del actual presidente de la Generalitat Artur Mas. En realidad, según su versión, el descubrimiento de América fue un mérito de los catalanes del que se apropió Castilla para robar la gloria a los verdaderos descubridores. De este modo, el primer viaje colombino que zarpó del puerto de Palos, no lo hizo de Moguer sino de Pals, en la Costa Brava.

Teorías conspirativas al margen lo cierto es que Cristóbal Colón no tiene buena prensa. Nunca la tuvo y hasta el continente que descubrió se llama América en honor de Américo Vespucio y no Colombia o de otro modo. Antes de Erdogan, los chinos, vikingos y catalanes le disputaban al Almirante la primicia del descubrimiento. Y por si todo esto fuera poco la propia imagen de Colón como personaje histórico ha sido puesta en entredicho. Ya lo había sido a fines del siglo XIX y comienzos del XX por algunos autores latinoamericanos que intentaban tomar distancia de la Madre Patria y utilizaron a Colón como chivo expiatorio. Pero lo más duro estaba por llegar, como se demostró en 1992 con ocasión del V Centenario y posteriormente en los años que llevamos del siglo XXI.

En 1992 Colón fue desposeído de buena parte de los méritos de su hazaña, denominada desde entonces “Encuentro entre dos mundos”. Más recientemente, con ocasión de las celebraciones de los bicentenarios de las independencias en algunos países latinoamericanos el 12 de octubre fue convertido en el año cero de la gran explotación en Indias, y Colón en el máximo responsable del genocidio de 60 millones de indígenas.

Desde entonces, los pobladores del lugar pasaron de vivir en el paraíso, fuera de Mahoma o no, a vivir en el infierno. En su “Juicio a Colón”, Jorge Mier Hoffman señala que antes de 12 de octubre de 1492 “América era un emporio de civilizaciones fabulosas y de gente feliz”.No se trata de negar aquí ni la violencia ni la rapiña que supuso la conquista europea, pero estos fenómenos no eran desconocidos por los pueblos de aquel continente, y muchos menos por sus grandes imperios.

Para dar mayor visibilidad al relato había que bajar a Colón del pedestal. A esa tarea se dedicaron intensamente los partidarios de la militancia retrospectiva, en palabras de Tulio Halperín Donghi. Aquellos que quieren rescribir la historia en función de la agenda política del presente arrojaron sus dardos contra la figura de Colón, y Hugo Chávez y Cristina Fernández se lanzaron además a derribar sus estatuas en Caracas y Buenos Aires.

Hayan sido los chinos, los vikingos, los catalanes o los musulmanes los primeros en llegar a América, como pretende ahora Erdogan, lo cierto es que los pueblos que habitan el continente se definen por una serie de condiciones particulares. En América Latina una de las más importantes es el mestizaje, étnico, cultural y hasta lingüístico. Y se quiera o no, la presencia de España y Portugal ha sido determinante en este proceso.

 

Carlos Malamud

Carlos Malamud
Catedrático de Historia de América de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), de España e Investigador Principal para América Latina y la Comunidad Iberoamericana del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos. Ha sido investigador visitante en el Saint Antony´s College de la Universidad de Oxford y en la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires y ha estado en posesión de la Cátedra Corona de la Universidad de los Andes, de Bogotá. Entre 1986 y 2002 ha dirigido el programa de América Latina del Instituto Universitario Ortega y Gasset, del que ha sido su subdirector. Actualmente compatibiliza su trabajo de historiador con el de analista político y de relaciones internacionales de América Latina. Ha escrito numerosos libros y artículos de historia latinoamericana. Colabora frecuentemente en prensa escrita, radio y TV y es responsable de la sección de América Latina de la Revista de Libros.
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